Imagen Tejo (Taxus baccata L.)
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Tejo (Taxus baccata L.)

El tejo es una conífera peculiar, no produce conos o piñas ni tampoco resina. Lo verás verde todo el año, ya que sus hojas duran en el árbol unos 8 años y, cuando se renuevan, no lo hacen todas a la vez.

A finales del invierno o principios de primavera, si agitas alguna rama de los pies masculinos, podrás observar el polen a simple vista. El viento se encargará de transportarlo a las flores que se encuentran en los ejemplares femeninos y, tras la fecundación, a finales de verano, surgirá una semilla parcialmente cubierta de una caperuza carnosa que en otoño se tornará roja, y atraerá a numerosas aves. No es casualidad que precisamente el arilo, su nombre técnico, sea la única parte del tejo no venenosa; es el dulce reclamo que utiliza para dispersar su semilla.

En los jardines es habitual la presencia de tejos cultivados. Sin embargo, las tejedas naturales, habituales antaño en los bosques de la cornisa cantábrica, han ido desapareciendo por la destrucción de sus hábitats, las quemas y su lenta regeneración. Su madera dura pero flexible fue la materia prima que abasteció ejércitos cuando las picas, arcos y flechas eran instrumental de guerra.

En otro tipo de batalla, la que se lidia contra el cáncer, se ha descubierto que, aunque la taxina un alcaloide presente en hojas, corteza y semillas causa la muerte en el ser humano, un derivado de esta, el taxol, es un potente inhibidor del crecimiento de células en varios tipos de cáncer.